lunes, 31 de julio de 2017

LA IMPORTANCIA DE LA SOCIEDAD CIVIL EN LA INTERACCIÓN CON EL ESTADO Y LOS DERECHOS HUMANOS.

INTRODUCCIÓN.

México es un país multifacético, tanto en su forma de hacer política como en su forma de practicarla; como en su forma de fomentar y proteger los Derechos Humanos; tanto en su forma de restringir la participación de la sociedad civil como de fomentarla, permitirla y apoyarla; es pues, una nación de muy diversas formas de pensamiento y muy diversas formas de interacción entre el Estado y la sociedad que, en su incansable lucha de acercarse y ser partícipe en las políticas públicas, ha logrado mediante la organización y la unión de diversas personas y asociaciones con intereses en diversos temas sociales, la mejor forma de ser escuchada, de participar en la toma de decisiones e incluso, de intervenir y hacer intervenir por su acción al Estado en diversos temas de interés nacional como lo es el de la protección de los Derechos Humanos.

El camino aun es largo para lograr que el Estado y la Sociedad Civil puedan trabajar juntos como una maquinaria perfectamente aceitada que, en conjunto, pudieran hacer frente a los diversos problemas políticos, sociales y económicos de los que México se adolece y cuyo interés por enfrentarlos y superarlos se ramifica a todos los niveles de gobierno y a todos los sectores de la población mexicana.

Esta falta de compenetración entre uno y otro, no es más que la falta de comunicación y entendimiento que ambas partes han fomentado en el transcurso del tiempo y que han cavado la enorme zanja que los separa. Mientras la Sociedad Civil ve en el Estado a su enemigo natural, el Estado ve en la Sociedad Civil a un grupo de vigilantes provistos de crítica y persecución de su trabajo, por lo anterior (y por muchas otras razones), ninguna de las dos partes han abierto del todo sus canales de participación y comunicación.

Aun y cuando es manifiesta la falta de entendimiento entre ambas partes, existe participación conjunta en temas de interés general como lo es el de la protección de los Derechos Humanos, pues han comprendido que es parte fundamental para tal protección que, tanto la sociedad como el gobierno participen, vigilen y fomenten el respeto irrestricto a los derechos naturales del que gozamos todos los seres humanos sin importar la condición en el más amplio sentido de la palabra.

Así, vemos que ambas partes llegan a un acuerdo en temas de relevancia nacional e internacional sobre los Derechos Humanos y la forma en que estos deben ser respetados y hechos valer en la interacción entre los gobernados y el Estado y entre particulares.

En la actualidad es visible la interacción entre el gobierno y la sociedad civil en temas sobre Derechos Humanos, y aunque no siempre parecen estar de acuerdo en su forma de actuar, proteger y apoyar a los sectores necesitados de protección/reconocimiento y respeto de tales derechos, vemos que día con día ambas partes han logrado llegar a acuerdos que hasta ahora han sido suficientes para que ambas partes interactúen en beneficio de los sectores desprotegidos para lograr el proteccionismo necesario sobre los Derechos Humanos.

El camino aun es largo y muy posiblemente a ambas partes les sea necesario entablar mejores comunicaciones y mejores acuerdos sobre su participación en temas sobre Derechos Humanos y su protección, pero lo que es seguro, es que el Estado/Gobierno no puede negarse a la participación de la Sociedad Civil que ha tomado como estandarte precisamente a la sociedad, sus necesidades, sus derechos y su interacción natural con los tres niveles de gobierno; y por lo tanto, su necesidad intrínseca en los temas de interés general y la obvia participación del Estado en dichos temas.

ESTADO, SOCIEDAD CIVIL Y DERECHOS HUMANOS.

El Estado en una definición simplista, es una comunidad social que cuenta con una organización política común, con territorio y gobierno soberano e independiente políticamente de otras comunidades. En un sentido histórico/filosófico, podríamos considerar que el Estado es creado y definido por los individuos integrantes de una sociedad, que de ellos y por ellos es que se ha creado y definido su organización y funcionamiento, que los alcances y limitaciones que éste pudiera tener deben ser siempre por virtud de las necesidades comunes de sus gobernados, pues su existencia y acción siempre será limitada por su sociedad.

En la actualidad el Estado es visto por la sociedad como un ente “todopoderoso”, ilimitado en sus capacidades, ilimitado en su actuar y autosuficiente, es por ello que muy difícilmente las personas pueden imaginarse como parte fundamental de la maquinaria del Estado y éste a su vez, considera a la sociedad como simples gobernados, cuya participación en los temas de relevancia nacional es y debe ser limitada y restringida. Uno y otro se miran como extraños olvidando que ambos son parte fundamental de cada uno; mientras que uno es producto del deseo del otro, el otro, es la consecuencia innata del deseo inequívoco de libertad e independencia.

Dada la equivocada forma de interacción entre ambas partes, se fueron creando divisiones innecesarias entre el Estado y la Sociedad, dando como consecuencia que la sociedad satanizara al Estado como el producto de una imposición y cuya única función es la de restringir sus derechos; por su parte el Estado, considera que la Sociedad no son más que gobernados cuya única opción es la de obedecer los mandatos que los gobernantes emitieran para ser seguidos al pie de la letra.

Esta lucha de poder entre ambas partes ocasionó que la participación de la sociedad se viera limitada tanto por ella misma como por el Estado, dejando al libre arbitrio del gobernante (como parte del Estado), los temas sobre Derechos Humanos, forma de gobierno, política, economía y muchos otros más que, sin la participación directa de la sociedad, serían recibidos como actos unilaterales del gobernante en perjuicio del gobernado.

Dado lo anterior, las personas comenzaron a interesarse más sobre los temas cuya competencia le dejaban al Estado e interferían directamente en su forma de vida, llevando a la fusión de diversos sectores de la sociedad para conformarse finalmente como Sociedad Civil, quienes se han convertido en actores y coadyuvantes del Estado.

A su vez, el Estado encontró en la Sociedad Civil el auxilio necesario en la intervención de aquellos temas en los que su acción era limitada, ora por la misma sociedad, ora por su propia ineficacia, encontrando ambos el balance perfecto en la configuración de nuevas herramientas que les han sido de ayuda para la resolución y consecución de diversos programas de ayuda, en la vigilancia y protección de sectores vulnerables o  en la vigilancia de servidores públicos; teniendo como consecuencia la relación Estado/Sociedad que había sido olvidada por ambas partes.

Muy seguramente esto apenas es el comienzo de una relación que deberá llevar a un trabajo compartido, en donde el Estado deberá de permitir la intervención de la Sociedad Civil en todos los temas de su competencia, y a su vez, la Sociedad Civil deberá ser comprensiva sobre los temas cuya competencia le es propia al Estado, pero que, con el trabajo de ambos, culminara en la interacción perfecta entre ambas partes en beneficio del bien común.

Sin lugar a dudas el tema de mayor relevancia cuya necesidad es primordial para ambas partes es el de los Derechos Humanos. Si bien es cierto (y como ya se ha mencionado), el Estado y la Sociedad Civil han intentado perseguir el bien común, aun es pronto para considerar que se interrelacionan de una manera perfecta, pues en la realidad, la participación de ambos aun es limitada sobre el tema de Derechos Humanos, y es urgente que se busque una interacción congruente y suficiente para hacer frente a las lesiones que los gobernados han sufrido en sus derechos más íntimos, y más aún, cuando tales lesiones se ven agraviadas con la falta de acción de las autoridades en su protección.

Es por ello que la Sociedad Civil debe jugar un papel aún más importante en la búsqueda de proteger y respetar los derechos fundamentales de las personas, pues la ineficacia de las autoridades se ha convertido en un tema común así como el poco interés por parte de la población, resultando en acciones contrarias a los derechos de las personas, su integridad física, mental e incluso su vida.

Por desgracia, la Sociedad Civil en la mayoría de los casos, ha tenido que actuar de manera indirecta con los gobiernos, degradando su papel que debería de ser de actor directo en los temas fundamentales de nuestro país, al de ser el encargado de persuadir a los gobiernos y gobernantes, a las empresas y a los ciudadanos para su intervención en aquellos temas de interés general.

La Sociedad Civil debe ser quien le exija cuentas al gobierno; debe ser el principal factor de regulación entre el poder del gobierno y sus gobernantes y la transparencia con que deben actuar frente a la sociedad; esta exigencia debe ser complementaria a la relación Estado/Sociedad, en la que uno le exige al otro el cumplimiento de sus obligaciones, concluyendo en la participación y acción compartida sobre los deberes de uno y otro.

Lo anterior únicamente refiere el principio básico de congruencia entre exigencia/obligación, pues tanto el Estado debe exigir el cumplimiento de sus obligaciones al pueblo, como el pueblo debe exigir el cumplimiento de sus obligaciones al Estado; siendo cada uno participante en la toma de decisiones, exigencia de cuentas, participación y democracia.

Hasta ahora, hemos sido un tanto críticos sobre la participación de la Sociedad Civil y el Estado en los temas de importancia general, sobre su interacción y entendimiento en la toma de decisiones conjuntas; o bien, en la permisión y restricción que cada cual le impone al otro; igualmente, hemos señalado que muy posiblemente el tema de mayor relevancia y cuya relación ha sido la de mejor participación entre los dos es sin duda el de los Derechos Humanos.

Concebir los Derechos Humanos, su definición, su función y su alcance es sin duda un trabajo extenso, pero podríamos definirlos como aquellas condiciones del hombre que le son inherentes a él por el simple hecho de ser; son los principios básicos, primarios, mínimos y naturales del que toda persona debe gozar para alcanzar su realización.

Si bien es cierto, tales derechos son fundamentales y considerados como naturales o básicos para cualquier ser humano, y en consecuencia no debería ser necesaria su reafirmación mediante una ley; pero en la mayoría de los países tales derechos se encuentran enmarcados en sus constituciones; en México, la Constitución de 1917 contempla esos derechos en sus 136 artículos, los cuales están relacionados uno con otro y de los cuales se desprenden las leyes secundarias y sus reglamentos, dando como resultado la amplia red legal de nuestro país, y cuya amplitud y complejidad es desconocida tanto para gobernados como gobernantes.

Ese desconocimiento de los Derechos Humanos, su protección y reconocimiento constitucional, ha traído como consecuencia que tanto el Estado como la sociedad ignoren su alcance e importancia en el ámbito de la vida cotidiana de la población y de las obligaciones y derechos que cada uno tiene frente al otro. Lo anterior se agrava cuando los propios gobernantes desconocen dicha protección y reconocimiento constitucional o bien, conociéndolos, actúan en detrimento de los Derechos Humanos de las personas; y estos, al desconocer los alcances constitucionales del actuar del Estado frente a ellos, son omisos o bien, temen denunciar tales actos que pueden traducirse en corrupción, desvío de recursos e incluso  actos que atenten con la vida y/o la integridad física de los gobernados.

Si bien es cierto, tanto el Estado (en toda su amplia red de funcionarios en todos los niveles de gobierno), como la sociedad, parecen desconocer sus derechos y obligaciones constitucionales frente al otro, también lo es que en los últimos años se ha venido fomentando tanto por parte del Estado como de la Sociedad Civil a la población en general los alcances, formas de exigir, de defender y de hacer valer sus Derechos Humanos frente a actos de autoridades, logrando que la población exija a los gobernantes (como autoridad) que actúen siempre anteponiendo los Derechos Humanos sobre los intereses económicos, comerciales e incluso personales.

Este actuar es sin lugar a dudas la materialización perfecta del balance entre Estado y Sociedad Civil, en la que vemos que actúan como un solo ente, fijándose como meta fundamental la de defender los Derechos Humanos frente a cualquier persona, entidad y autoridad, dejando de lado sus diferencias, proponiendo y actuando a la par.

La protección de los Derechos Humanos ha sido históricamente el principal factor de unión entre el Estado y la Sociedad Civil, y ha creado un camino basto de comunidad entre los entes públicos y los privados, en los que se deberá actuar de manera inmediata para seguir con el camino ya iniciado por ambas partes en la implementación de políticas que hagan del auxilio y protección de los Derechos Humanos de las personas un tema fundamental en esta relación entre ambos sectores.

Así, con la ayuda de la Sociedad Civil, el Estado ha logrado que se le imprima mayor eficacia a su actuar, en sus estrategias de desarrollo, y al mismo tiempo, fomenta la transparencia con la cual se implementan las nuevas políticas públicas. Por ello, en la protección de Derechos Humanos se ha logrado el estímulo de la sociedad en general de exigir con mayor fuerza el cumplimiento de las obligaciones del Estado y el respeto por parte de este a los derechos naturales que, en la ejecución del ejercicio nacional, se ven lesionadas.

Como fuente fundamental de la implementación entre ambos, encontramos el deseo por proteger y fomentar en la población los Derechos Humanos, su exigencia y su importancia en su vida cotidiana.

Es por ello que, Estado y Sociedad Civil se han unido en la lucha cotidiana para la protección de los Derechos Humanos, unión que ha hecho de ambos sectores una fuerza imparable contra aquellos otros sectores que lesionan los derechos tutelados, unión que debe perdurar y reforzarse con el paso del tiempo para lograr el fin común de ambas partes que es la protección y fomento de los Derechos Humanos en su máxima expresión.

EL PROBLEMA PRINCIPAL DE LA RELACIÓN ESTADO/SOCIEDAD CIVIL.

Como hemos planteado, el Estado y la Sociedad Civil son dos entes diferentes, cuyas capacidades y posibilidades varían una de otra, y aun y cuando sus intereses son los mismos, sus enormes diferencias han hecho que ambas partes se encuentren muy comúnmente en desacuerdo sobre la toma de decisiones y acciones en los temas de interés general de nuestro país. Pero también, han tomado decisiones y acciones conjuntas que han llevado a lograr el pleno desarrollo de proyectos y programas diversos en beneficio de los sectores más desprotegidos y algunas minorías.

Por desgracia, aun y cuando ambas partes han logrado llegar a acuerdos que han beneficiado a diversos sectores, en la mayoría de los casos han fallado en lograr entablar acuerdos que pudieron haber beneficiado a la sociedad en general.

La razón por la que ambas partes han fallado en la concepción de acuerdos es la simpleza de sus intereses, los cuales aun siendo los mismos, se contraponen con los intereses políticos.

Aun y cuando ambas partes se ven atraídas por realizar acciones en beneficio de la población, el aspecto político se ha convertido en una fuente incesante de restricciones y obstáculos para la toma de decisiones y acciones compartidas entre el Estado y la Sociedad Civil.

La política es sin lugar a dudas el principal objeto de discusión y falta de entendimiento entre ambos sectores, pues interviene constantemente en el accionar de los gobernantes, causan estragos a las relaciones con estos y la Sociedad Civil y entorpecen las acciones que ambos intentan llevar a cabo en forma conjunta. Ya sea porque políticamente la acción no es benéfica para los planes del partido político o bien, porque la Sociedad Civil no participó directamente durante las campañas electorales.
Esta constante intervención es el principal factor de desacuerdos entre ambas partes, causa estragos en su relación y afecta en la toma de decisiones y acciones.

Es vital que el Gobierno y los gobernantes se separen de la relación política partidista para que sus actos puedan ser completamente desinteresados, apartidistas y cuyo único y principal fin sea el de beneficiar a la sociedad. Mientras perdure la relación Estado (Gobierno)/Política, la relación Estado (Gobierno)/Sociedad Civil siempre se verá afectada por la constante intervención de la política.

Así las cosas, la política se ha convertido en un factor fundamental para la falta de acuerdos entre el Estado y la Sociedad Civil, pues la política busca los intereses que más le convienen a su partido y a su candidato, mientras que la función del Estado y la Sociedad Civil se ve más encaminada al proteccionismo de los derechos fundamentales de las personas.

Mientras que la política es el medio por el cual una persona tiene la posibilidad de ser parte del Gobierno, una vez ahí, la política se vuelve obsoleta, pues su fin primario (que era que su candidato fuera parte de la maquinaria del Estado) se ve cumplido una vez que es electo y/o posicionado en el encargo o comisión para la cual fue apoyada su candidatura. Una vez en el asiento gubernamental (sea cual sea), el político que ahora se ha convertido en autoridad y cuyas obligaciones son ordenadas por la Constitución y la Ley, se ve en el dilema de cumplir con sus obligaciones anteponiendo los derechos de los justiciables o bien, anteponer las necesidades del partido que lo apoyó para ser electo.

Entonces, como es común en nuestro país, la política es elegida sobre las obligaciones de la autoridad, sus obligaciones se ven disminuidas a hacer todo aquello que le beneficie primeramente al partido y en segundo término que beneficie a la sociedad, deviniendo en una carga para el gobernante cuyo deseo y obligación es el de proteger y cumplimentar sus obligaciones para con la sociedad, desembocando en tareas simplistas cuyo único beneficio es para la política y el partido cuyo interés tiene en que se cumpla con esa obligación.

Es por ello que la Sociedad Civil ha venido interviniendo en las tareas que eran consideradas de cumplimiento obligatorio para los gobernantes, pues ésta no tiene intereses políticos que intervengan en el desarrollo de sus actuaciones. Esta intervención ha hecho que los intereses de la política se vean mermados pues ha conseguido que la sociedad en general exija de sus gobernantes el cumplimiento de sus obligaciones, la rendición de cuentas y la separación de la política en los asuntos de competencia del Estado.

Desde la intervención de la Sociedad Civil en los asuntos de competencia Estatal, la política ha ido perdiendo poco a poco la fuerza de control que ejercía sobre los gobernantes pertenecientes al Estado y ha ido disminuyendo su fortaleza frente a la toma de decisiones del gobierno quien no se puede permitir hacer política una vez que son autoridades formantes del Estado.

Lo anterior ha traído como consecuencia que la política vea en la Sociedad Civil y en su intervención un enemigo dispuesto y presto en contra de los intereses electorales-partidistas, ocasionando que, el gobernante y la Sociedad Civil se enfrenten en discusiones eternas, lo cual causa falta de acuerdos y acciones por ambas partes.

Entonces ¿Cómo debe manejarse la relación Estado-Política para que no intervenga en la relación Estado/Sociedad Civil?; la relación entre el Estado y la Política debe ser distante, deben manejarse los intereses de la política a parte de los intereses sociales, pues no es posible llegar a acuerdos que beneficien a ninguna persona cuando existe intervención de intereses que únicamente velan por las necesidades partidistas y electorales.

La relación entre el Estado, sus Gobernantes (o cualquier otro componente de la maquinaria Estatal) y la política debe ser restringida, recordando que cualquier candidato que ya haya sido electo y/o se le haya otorgado un puesto dentro del gobierno por participar en algún partido político, una vez que se convierte en autoridad, su participación e intereses partidistas deben desaparecer; o bien, disminuir considerablemente, anteponiendo sus obligaciones a los intereses de la política.

Una vez separados los interese políticos de los intereses sociales, el gobernante podrá participar directamente con la Sociedad Civil, podrá allegarse de acuerdos que desembocaran en acciones, programas benéficos y protección de los Derechos Humanos.

EL DEBER DE LA SOCIEDAD CIVIL EN LA POLÍTICA EXTERIOR MEXICANA.
Como hemos expuesto, la Sociedad Civil se ha convertido en un ente regulador del Estado, la cual interviene en la forma en la que este se relaciona con la sociedad, en sus actuaciones y en la rendición de cuentas. Pero también, es de alta relevancia señala que, la Sociedad Civil es interventora en las relaciones internacionales de las que México es parte, en la forma en que se practica la política exterior y en la forma en la que se concebirán las nuevas aplicaciones de esas políticas en el interior de nuestro país.

La Sociedad Civil ha buscado formas nuevas en la cual poder ser parte en las relaciones internacionales de la que México es parte, ha intervenido en la función del Estado y sus relaciones internacionales y ha cumplido el fin primordial que es el de proteger los derechos primarios de las personas.

Ésta debe impulsar la forma en que México se relaciona con otras naciones, tanto para fomentar la participación de nuevos sectores internacionales en los temas de interés general, como para que México participe y aprenda de esas relaciones.

La intervención de este sector en las políticas internacionales que principalmente son de carácter económico, científico y de protección de Derechos Humanos, debe ser exhaustiva y permisiva en cuanto que el Estado Mexicano permita y auxilie a la Sociedad Civil para intervenir directamente en la toma de decisiones y acciones internacionales.

El mundo se ha globalizado, por esa razón México debe trabajar mano a mano con la comunidad internacional y debe compartir los intereses que hoy en día son de importancia para el mundo.

México debe ser estandarte de fortaleza y trabajo duro, debe trabajar mano a mano con países desarrollados y aprender de ellos el trabajo compartido de sus labores con la Sociedad Civil y debe tomar como ejemplo los valores de convivencia y transparencia entre sociedad y gobierno. Debe forzosamente ampliar sus horizontes de crecimiento, compartir junto con la Sociedad Civil la labor de aprender y de esforzarse en las relaciones internacionales y concederle a esta el deber primario de intervenir en las políticas internacionales de las que México es parte. Así, el estado mexicano encontrara una fortaleza aun mayor con la inquietud de allegarse de conocimiento, madurez internacional y aprendizaje de las estrategias comunes mundiales.

Esto es un trabajo que México ha llevado realizando durante años, y que la intervención de la Sociedad Civil ha aprovechado en beneficio de la nación, del Estado y de los principios fundamentales de comunidad internacional, logrando salir beneficiada la relación entre la Sociedad Civil y el Estado mexicano, compartiendo los logros e incluso los fracasos, aprendiendo y aprovechando los acuerdo internacionales y las políticas exteriores que nuestro país ha impulsado, firmado e incluso acordado con otros pises,

Así, la Sociedad Civil tiene la obligación de vigilancia del Estado en el cumplimiento de sus deberes y obligaciones nacionales e internacionales, tiene el derecho fundamental de intervenir y constatar que las obligaciones contraídas por el Estado Mexicano con otras naciones sean cumplidas y no solo eso, sino que esas obligaciones sean perfectamente consistentes con el mandato constitucional.

Esta relación internacional que México cumple en el mundo y que debe ampliar, debe ser comprendida por la Sociedad Civil y debe ser también compartida por el Estado en beneficio no solamente del acuerdo firmado, sino que debe ser en beneficio de la propia población mexicana que será quien al final, recibirá los beneficios o perjuicios de las relaciones con las que México sea parte.

Así, la Sociedad Civil debe vigilar al Estado en el cumplimiento de sus obligaciones con la comunidad internacional y con la sociedad nacional, una obligación y otra no debe ser perjudicial para la población nacional, sino todo lo contrario, debe ser siempre en beneficio del cumplimiento de sus deberes y mandatos constitucionales frente a la sociedad nacional y frente a la sociedad internacional.

Una y otra jamás deben contraponerse sino complementase, este es precisamente el trabajo de la Sociedad Civil en las relaciones internacionales, el cumplimiento del mandato constitucional en beneficio nacional e internacional, pues no debe el estado mexicano alejarse del principal interés que es el de la nación, para después participar en el ámbito internacional.

Lic. Héctor Jesús Robles Díaz Mercado

Robles & Robles Abogados

domingo, 1 de noviembre de 2015

El abogado y la muerte.

 Eran cuarto para las nueve y el juicio estaba por comenzar,
De un lado el abogado, con su elegante traje y sus argumentos provistos para arrasar
Del otro lado la demandada con su vestido negro, su sonrisa fría y su lista incompleta hasta el final.

El juez dio iniciado al juicio y los argumentos comenzaron por igual,
El demandante con sus pruebas reclamaba de la parca que en su lista negra no debía estar,
La demandada tomó la voz, mostro las pruebas y argumentó:

“la vida del demandante ha sido larga y las pruebas muestran sus excesos; fuma, se desvela, es violento y apasionado, Más su vida se ha agotado y el tiempo que ahora usa es prestado,
Este juicio lo demuestra, se inventa pruebas y argumentos buscando recovecos en las leyes de la vida, ya su tiempo ha llegado y este juicio es un engaño; aunque apele y se ampare la sentencia llegará, y su nombre en la lista tarde o temprano aparecerá”.

El demandante mostró las pruebas intentando demostrar que la parca intentaba a su Usía engañar;
Un último argumento intentó y con sabias y precisas palabras señaló:

“Sé que la vida se me ha prestado, que mis excesos la han colmado, pero las pruebas que presento deben proceder como la ley clama, trabajo duro y represento a centenares de personas en sus problemas legales, y si bien es cierto lo de mis excesos, también lo es la vida plena que he llevado, el amor a mi familia y la pasión por mi trabajo; por lo tanto la sentencia favorable debe ser”.

El juez, examinó las pruebas y alegatos de las partes, y con miedo en sus ojos pronunció la sentencia:

“Se condena al demandante a pasar la eternidad en las manos de la muerte, es por tanto que declaro que en su lista deberá escribirse ya su nombre”

Fue el fin del abogado, nunca hubo juicio que no ganara, ni sentencia en su contra pero ahora que importaba ¡no fue absolutoria!

Hoy el juicio es leyenda y el abogado también
Fue el único tan cerca de vencer a quien lleva a cuestas las almas de más de cien.
Por desgracia ya  su nombre con negritas lleva escrito;
Héctor Robles es su nombre y al final se vio perdido.


Lic. Héctor Jesús Robles Díaz Mercado.
Robles & Robles Abogados


miércoles, 3 de junio de 2015

La libertad: pieza fundamental para la existencia del Estado de Derecho.

Que los hombres dejen de buscar en el cielo su libertad, que la busquen en la tierra, que luchen por ella.
Que el gobernante deje de mirar al gobernado como una propiedad y comience a tratarlo como un igual.
Que el Estado respete la Constitución, pues de ella emanan todas las leyes de una nación.
Que los derechos individuales no se contrapongan con los colectivos, esa es la misión del Estado de Derecho.
Que el respeto y fomento de los derechos y libertades de las personas sea la razón fundamental del Estado.
Que aquel Estado que incumpla con su obligación para con el pueblo sea considerado ineficaz.
Que el Estado y el gobernante recuerden que ellos son producto del pueblo y no el pueblo producto de ellos.
Que la libertad es un derecho natural y jamás debe considerarse como un derecho adquirido u otorgado por el Estado.
Los seres humanos somos seres libres.
La libertad no debe ser consecuencia de un gobierno, sino que el gobierno debe ser la consecuencia de la libertad.
Los derechos de los seres humanos son parte de nuestra naturaleza; son el impulso primario de nuestra existencia, estos pueden ser limitados por el Estado pero nunca restringidos.

Introducción.

La libertad es un derecho propio de los seres humanos; no es otorgado por ningún gobierno, país o nación del mundo, es inherente a la potestad de ser y no a la de pertenecer, pues ningún Estado puede subsistir cuartando la libertad de sus gobernados.

Los hombres nacen libres, y por esa libertad es que se han creado las naciones.

Los hombres libres buscan la paz, la hacen; la construyen.

La libertad es un derecho natural con el que se nace, el respeto a ese derecho es obligación de todos los pueblos. La coexistencia entre la libertad y el Estado de Derecho emana de la búsqueda incansable de los hombres por alcanzar la libertad en todas sus facetas; ora entre personas, ora entre el Estado y sus gobernados, ora entre naciones.

El Estado para existir debe regirse por el Derecho, y éste tiene como fuente fundamental la libertad; uno no puede existir sin el otro, por ello el Estado, el Derecho y la libertad son hermanos en la construcción de las leyes y el reconocimiento de los derechos inherentes del ser humano.

El Derecho cumple con su obligación de encuadrar las conductas de las personas en las leyes y junto con el Estado debe buscar que las personas logren su libre desarrollo, el alcance de sus metas y la plenitud de sus vidas. La libertad y el derecho caminan una junto a la otra; una buscando la interacción entre los hombres y la otra el libre desarrollo.

La libertad es el corazón del Estado de Derecho, pero la existencia del último es necesaria para que la libertad de uno no interfiera con la del otro.

 “Aquel Estado que cuarta la libertad de sus gobernados debe considerarse fallido, pues en aras de la libertad se han enderezado las naciones; así, ninguna país del mundo puede existir sin libertad”.


La libertad: pieza fundamental para la existencia del Estado de Derecho.

El reconocimiento de los derechos del hombre ha sido una lucha constante en la historia de la humanidad, desde tiempos inmemorables la búsqueda de los hombres por alcanzar la libertad ha construido y constituido naciones enteras. En aras de esa búsqueda el mundo se ha visto enfrascado en largas y sangrientas luchas que han formado nuestra visión actual del mundo y nuestra visión actual de lo que consideramos libertad.

Aquellas luchas de los hombres que imaginaron un mundo en el que la libertad estuviera al alcance de cualquiera devinieron en movimientos sociales y culturales alrededor del mundo que forjarían los cimientos de la sociedad actual.

Hoy, nos es extraño imaginar un mundo en el que los poderes se centralizaban en una sola persona, un ser todopoderoso que podía ordenar, ejecutar, omitir y hacer cualquier cosa, un mundo en el que las leyes eran creadas, ordenadas y ejecutadas por un solo ser en el que recaían todas las capacidades y que se enderezaba como el amo y señor de todo lo que veía y lo que existía. No podemos llegar a imaginar o comprender como una sola persona era capaz de hacer cualquier cosa y además, ser dueño de las personas que se encontraban en su reino. Hoy, vemos al mundo como lo percibimos desde nuestro nacimiento, con sus vaivenes, con sus impedimentos y sus permisos.

Las naciones han ido y venido, algunas han brillado a lo largo de la historia y otras han desaparecido de la memoria de la humanidad, pero si algo es cierto, todas esas naciones, filósofos, políticos y científicos constituyeron una idea que ha ido tomando forma a lo largo de los siglos; una idea que fue creciendo hasta verse realizada el 26 de agosto de 1789 por la Asamblea General Constituyente Francesa; es decir, hablamos de la afamada Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (Déclaration des droits de l'homme et du citoyen), en la que se definieron los derechos personales y colectivos como universales y reconocibles en todo el mundo por todos los pueblos y por todas las naciones.

Aun y cuando se considera que la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano es el primer reconocimiento real y formal de los derechos inherentes del ser humano, no podemos olvidar aquel salto enorme que el 17 de septiembre de 1787 en los Estados Unidos de Norte América se dio al crearse la primer constitución del mundo, en la cual se lee aquel texto emanado del sentir más profundo de los seres humanos y que viene a constituir en mi opinión el primer estado de derecho jamás creado “Nosotros el Pueblo” (We the People).

A partir de estas dos “declaraciones” que más bien son “reconocimientos” de los derechos fundamentales del ser humano, es que el mundo inicia una nueva era en la que los hombres de todas las naciones nacerían libres y gozosos de los derechos más íntimos que legítimamente les pertenecen por el simple hecho de ser seres humanos.

Las palabras que inician el camino constitucional de los Estados Unidos de Norte América y que como ya he mencionado en mi opinión es la primera declaración formal y real de los derechos humanos en el mundo, es también la primera incursión de los seres humanos en la creación del Estado de Derecho, y también, es la primera incursión de la eterna relación entre la libertad y el Estado de Derecho.

El Estado de Derecho es aquel regido por un sistema de leyes e instituciones ordenado en torno de una constitución, ese mismo estado reconoce los derechos más íntimos de los seres humanos mediante su Carta Fundamental; uno de esos derechos es el de la libertad. “Nosotros el Pueblo” enmarca todas esas características anteriormente señaladas; el pueblo crea la Constitución en la cual se recogen los derechos más propios de los seres humanos, y en ella misma también se enmarcan los sistemas legales e institucionales que darán forma al Estado de Derecho y que al mismo tempo serán las que reconozcan, protejan y fomenten tales libertades.

Con el reconocimiento por parte de las naciones de los derechos con que gozan las personas, vino a constituir un mundo en el que las libertades serías reconocidas, legisladas y protegidas por la gran mayoría de los países del mundo, y fomentando tales derechos y libertades a los demás países para así lograr una protección y reconocimiento mundial de los derechos con que todo ser humano nace.

Por desgracia en muchos países del mundo, incluso los que cuentan con una Constitución que reconoce y protege los derechos humanos (que son las libertades propias de cualquier persona), se ven lesionados por el Estado, pisoteados, burlados e ignorados con el fin de obtener ganancias económicas y poder.

Los seres humanos somos seres pensantes, racionales, “la máxima evolución” del planeta azul al que llamamos nuestro hogar, pero también somos seres envidiosos, codiciosos y avaros; dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de conseguir y alcanzar nuestras metas; incluso rompiendo las leyes o dañando a otras personas.

Lo anterior resulta cierto; tan claro y cristalino como el agua, nos es conocido ese sentimiento de “querer más”; nos resulta más que familiar. Pero también, aun y cuando esos sentimientos de avaricia y codicia son pan del día a día de cualquier persona, contamos los seres humanos con pensamientos racionales (como ya mencione), con valores propios de nuestra condición humana, ese “freno” que nos impide actuar de mala fe en contra de cualquier persona, de lastimarlo o cuartar sus derechos y libertades.

¿A qué voy con lo anterior?; el ser humano cuenta con sentimientos, pensamientos y emociones que constituyen su conducta, su actuar ante el mundo que le rodea y a interactuar con él; el Derecho se constituyó a partir de la necesidad del encuadramiento de las conductas humanas en las leyes; el “yo” frente al “tu”, encuadrar las conductas para que el hombre sea capaz de convivir con sus semejantes; no como superior, como un igual, el “yo” o el “tu” se convierten en “nosotros”, pero sin dejar de lado completamente el “yo”, el particularismo de las sensaciones humanas de crecimiento y superación personal. También tenemos al Estado de Derecho; el encuadramiento de las conductas en una Constitución, en un sistema de leyes y en instituciones que tendrán como deber principal el cumplirlas y hacerlas cumplir.

El complejo sistema del que hablamos es “el Estado”, ya sea el mexicano, cubano, colombiano, estadounidense, francés, chino o cualquier otro que pudiera venirnos a la mente. Ese enorme sistema creado por los humanos para regir el mundo, para encuadrar las conductas de las personas en un complejo sistema de leyes e instituciones que se erigieron para evitar que el “yo” supere a la colectividad; para evitar que los deseos personales infrinjan y menoscaben los deseos de otras personas. Es un sistema creado precisamente para encaminar a cada ser humano a la realización de sus metas personales pero con la avenencia de evitar que en el camino lesionen los derechos de otras personas.

Eso es precisamente el Estado de Derecho, un sistema creado para formar un camino para la humanidad en el que los deseos particulares no superen ni dañen el de la colectividad.

Hasta aquí comprendemos la enorme importancia del Estado de Derecho como un conjunto de instancias, instituciones y legislaciones que dan cabida a la vida en comunidad de las personas, pero también esta institución encuentra un enorme reto al cumplir con su “deber” frente a los deseos de crecimiento personal que tiene cada persona, a los deseos de “tener más”, a los deseos de lograr los objetivos de manera individual. Los deseos propios de los seres humanos; de cualquier nacionalidad, son en primera instancia los mismos “el cumplimiento de las esperanzas y sueños en lo particular”, deseos que todas las personas tenemos y que encuentran freno frente al Estado de Derecho, no porque éste desee cuartar tales ambiciones, sino porque las ambiciones personales deben tener cabida si y solo si no interfieren con otra persona o con la colectividad; es decir, hablamos del respeto al derecho ajeno, si, tal y como dijo Benito Juárez aquel 15 de julio de 1867 "Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz".

Sin duda, la libertad (cualquiera que sea ésta), es un derecho del cual todos los seres humanos debemos gozar, pero también, debe comprenderse que la libertad de unos no debe ni puede cuartar la/s libertad/es de otro/s y mucho menos de la colectividad.

Hablar de libertad puede ser tan amplio y complejo como el mismo ser humano, pues si bien es cierto “todos nacemos libres” o por lo menos ese es el deseo de la mayoría de las personas y naciones, también lo es que esa libertad es concedida, permitida dentro del sistema para que la convivencia entre las personas pueda existir de manera pacífica y respetuosa.

Tenemos por ejemplo, la libertad de expresión, libertad de la cual todos gozamos (o por lo menos en la gran mayoría de los países), la cual ha sido malinterpretada, mal usada y algunas veces interpretada a la mayor conveniencia de quien toma como estandarte tan importante derecho. Cuando este derecho es utilizado sin menoscabar o lesionar el de otra u otras personas, entonces se estará ejerciendo conforme a los lineamientos establecidos y ordenados por el Estado de Derecho, pero, cuando una persona o personas haciendo uso de esta libertad lesionan a otra u otras personas, entonces deberá de considerarse que la libertad de uno/s está transgrediendo la libertad de otro/s, teniendo pues el Estado de Derecho con su compleja red institucional y legal que determinar si el uso de la libertad de expresión fue legal, moral y ética o bien, en uso de esa libertad se lesionaron derechos de otra u otras personas.

La libertad es sin lugar a dudas indeterminable en concepto, pero el Estado de Derecho ha logrado (o por lo menos ha intentado) determinarlo en cuanto a sus alcances, ya sea en lo individual o en lo colectivo; es por eso que fue creado y por lo cual ha perdurado a lo largo del tiempo, y muy seguramente seguirá perdurando, con sus vaivenes, con sus errores y con sus aciertos.

Al principio de este trabajo mencione que los seres humanos somos seres racionales y sentimentales, es decir, que los deseos  de las personas son frenados por su razonamiento; el Estado de Derecho es exactamente lo mismo, es la “luz roja del semáforo” que impide que las conductas humanas se salgan de control y el mundo entre en caos.

Y la libertad es en consecuencia, el camino natural que debe seguir el Estado de Derecho.

En efecto, tal y como he mencionado, tomar la libertad como estandarte no puede ni debe ser tomado a la ligera, pues la libertad debe ser respetada y fomentada por el Estado de Derecho, pero también, debe ser limitada en cuanto a la posibilidad de que la exigencia de quien la usa como estandarte cause lesiones a los derechos de la colectividad; es por ello que el Estado de Derecho tiene como tarea principal fomentar y propiciar la libertad pero siempre con las limitaciones de los derechos y libertades de los demás.

Parece un poco “confuso” hablar de Estado de Derecho y libertad como un solo ente, pero en realidad no lo es; simplemente trata sobre la interacción entre ellas, como una no puede existir sin la otra, y de cómo ambas son de vital importancia para el mundo.

Sin libertad no existiría el Estado de Derecho, pues en la búsqueda de la libertar las personas reinventaron la forma en la cual el mundo se regía, destruyendo la centralización de los poderes en una sola persona, para dividirlos, para elegir ellos mismos a sus representantes, para que dejara de existir el monarca y se diera paso a la democracia.

Gracias a ello, nosotros mismos hemos ido creando el Estado de Derecho, lo hemos “pulido” a la mayor conveniencia de la sociedad que exige cada vez más libertades y que respeta cada vez más las de los demás.

La libertad es en consecuencia la razón por la cual se creó el Estado de Derecho; es por ello que sin la existencia de las libertades propias del ser humano y de la búsqueda incansable por alcanzar la libertad en todas sus facetas se han creados los pueblos del mundo, se han enderezado y poco a poco perfeccionado para permitir a todas las personas alcanzar la libertad en el más amplio sentido de la palabra. Por ende, el Estado de Derecho es consecuencia de la búsqueda de la libertad.

Posiblemente la primera forma del Estado de Derecho (apenas en gestación de lo que debía ser) fue la monarquía absoluta, ese gobierno centralista en el que en una sola persona radicaban los poderes, vitalicio y hereditario; ese en el que las personas eran parte de las “posesiones” de los monarcas, esa en la que el deseo colectivo era siempre opacado por el capricho de una sola persona que contaba con pleno poder de decisión, acción y ejecución sobre todo y todos.

Durante el largo proceso de gestación del Estado de Derecho actual, así como del que puede y debe ser en un futuro (pues aún no ha terminado de gestarse en su forma más pura), han existido otras divergencias adoptadas por los pueblos del mundo; en algunos tenemos a las monarquías constitucionales y a las parlamentarias, en otras a las hibridas, y en otras más a las democracias que han sido la fuente principal para la creación y gestación final de lo que se convertirá en un futuro en el Estado de Derecho que el mundo adoptará como la última forma de éste.

Así pues, las diferentes formas que ha adoptado el Estado de Derecho (muchas más de las mencionadas), han sido obtenidas por los pueblos del mundo mediante largas luchas en las que se le exige al gobierno que les sean respetados y reconocidos sus derechos; entre ellos y principalmente el hecho de que los seres humanos son seres libres.

Por lo que, en mi opinión, el Estado de Derecho debe ser reconocido como tal hasta el momento en el cual los hombres se levantaron en contra de la injusticia, en contra de los lamentables despojos de la libertad y a los derechos de los cuales todos somos poseedores; frente a las injusticias de los gobiernos totalitarios en los que el valor de una persona y su libertad eran valorados y permitidos en la medida de sus posesiones materiales y no por el hecho de existir como ser humano igual al rey o gobernante de una nación.

La humanidad sin notarlo (o tal vez sí), fue diseñando el actual Estado de Derecho que rige en la mayoría de los países del mundo, pues esta es la consecuencia de la búsqueda de la libertad.

Es por lo anterior que no es hasta que los gobernantes reconocieron estos derechos propios de cualquier ser humano que se debe considerar que el Estado de Derecho nació a la vida en el mundo y poco a poco ha ido cambiando, evolucionando para alcanzar su forma final.

Si tomamos en cuenta que la libertad es un sentimiento que proviene de la naturaleza del ser humano, y que esa sensación de querer ser libre existe en cualquier parte del mundo por cualquier persona que hable cualquier idioma, es por lo que reconoceremos que el Estado de Derecho es consecuencia de la búsqueda de la libertad así como de la búsqueda del reconocimiento de los derechos de los seres humanos.

El hombre nace de alguna manera con ciertos sentimientos insertos en su mente; como un “chip” que nos indica lo que es bueno y lo que es malo; sensaciones que nos impulsan, ciertos sentimientos que sin haberlos aprendido en ningún lugar simplemente se encuentran en nosotros, tal y como si fueran parte de nuestra programación natural. Es así que como parte de esa “programación”, los seres humanos buscamos y luchamos por alcanzar el desarrollo personal que abarca todas las facetas del ser humano; como el éxito, amor, estabilidad, dinero, prestigio; etcétera; y en esa “programación” natural también es parte la búsqueda por alcanzar igualdad, libertad, respeto; la dignidad humana reconocida en todas sus facetas y que dio pie al reconocimiento de los derechos de los seres humanos por los gobiernos del mundo.

Una vez alcanzado el reconocimiento de esos derechos, entre los cuales la libertad es pieza fundamental (pues sin libertad no existiría ese reconocimiento), el mundo se vio en la necesidad de crear un sistema que asegurara el reconocimiento y fomento de las libertades de los hombres, dando vida al Estado de Derecho que es parte fundamental del tipo de gobierno de las naciones, pues este es el “alma” del gobierno, es el factor primario para la construcción de cualquier país  pues este será quien mantenga la estabilidad social, económica y política del gobierno de una nación.

Así, el Estado de Derecho fue creado para permitir, reconocer y fomentar los derechos de las personas, pero al mismo tiempo para limitarlos y delimitarlos, permitiendo así que el derecho y las libertades que goza cualquiera de nosotros no obstaculizara ni restringiera los derechos y libertades de los demás. Por lo que el Estado de Derecho es y seguirá siendo parte fundamental de la libertad y de los derechos de los seres humanos; no importando naciones, idiomas, géneros o religiones, el Estado de Derecho será la pieza clave para que los seres humanos logremos alcanzar la libertad o bien, lo más cercano posible.

Imaginemos por un momento un mundo en el cual no existe ninguna forma de gobierno, y por ende tampoco Estado de Derecho; todos somos libres de hacer cualquier cosa. Ahora también recordemos la esencia del ser humano; la parte que busca la libertad, el amor, la igualdad, la paz, y la otra parte de la esencia humana, esa que es envidiosa, solitaria, la que odia, la que teme, la que es competitiva y tramposa. Ahora, ya que la esencia humana que busca lo mejor de los hombres es parte fundamental tal y como lo es aquella otra parte de los seres humanos que busca corromper; ¿Qué pasaría?, ¿en realidad podríamos vivir en armonía?, ¿los seres humanos estamos preparados para vivir en un “edén” sin reglas?, ¿acaso no es parte de la esencia humana amar y odiar con la misma intensidad?. Ahora que hemos imaginado un mundo sin gobiernos, en el que podemos hacer cualquier cosa que queramos, y ahora que hemos puesto en la balanza las esencias humanas buenas y malas existe una pregunta más que responder ¿es necesaria la existencia del Estado de Derecho?.

En lo que a mí respecta, el Estado de Derecho es tan necesario como la libertad, pues la libertad creó al Estado de Derecho en la búsqueda de los hombres por alcanzar su desarrollo persona y su libertad, pero a sabiendas también de la condición humana que por desgracia aún no está preparada para vivir en armonía sin ciertas reglas y limitaciones.

La libertad existe porque es parte de nosotros, de nuestra esencia, de nuestra naturaleza; también lo son los demás sentimientos que no son tan agradables. Debido a que el ser humano conoce y reconoce tales sentimientos; los buenos y los malos, es que busca la libertad y la limita; protegiendo así los derechos particulares y colectivos.

Una cosa es limitar y otra es restringir; la primera pone un “tope” al alcance de la libertad y de los derechos de las personas, y la segunda los disminuye, los menoscaba; los lesiona en perjuicio de las personas. Es por lo anterior que muchas personas confunden al Estado de Derecho como un ente que se interpone en su desarrollo, derechos y libertades, lo consideran un enemigo; es por ese error que muchas personas en ocasiones toman como estandarte a la libertad para combatir al gobierno de una nación, siendo ellos quienes en muchas ocasiones terminan por restringir los derechos y libertades de la colectividad.

A diferencia de las libertades y derechos con que contamos los seres humanos, el Estado de Derecho si debe tener restricciones así como limitaciones en cuanto a su acción frente al pueblo, pues en aras de limitar los derechos de las personas para la libre interacción entre ellas, no debe restringir tales derechos, pues de hacerlo se convertiría en un ente absolutista.

Los limites y restricciones de que hablamos empiezan con el Estado de Derecho con su potestad de decisión, acción y ejecución y terminan donde empiezan los derechos y libertades de las personas; el Estado de Derecho pertenece al sentimiento de libertad mas no la libertad pertenece al Estado de Derecho; uno es creador y el otro es creado.

Ningún país del mundo pudo haber concebido al Estado de Derecho sin antes haber deseado y luchado por su libertad.

Cuando los hombres se levantaron en busca de su libertad fue entonces que se concibió el Estado de Derecho, siendo por tanto que este último vino a reafirmar la creencia de los pueblos de la posibilidad y alcance de sus libertades.

Es por ello que de ninguna manera puede concebirse el Estado de Derecho como un ente primario o creador cuando en la realidad el concepto viene a conocer la vida cuando se iniciaron las luchas de las personas por sus libertades y sus derechos fundamentales, por la exigencia de los pueblos a sus gobernantes para que se les reconozcan y otorguen sus derechos y libertades; es por eso que debe considerarse que la libertad vino a abrir el camino para la creación del Estado de Derecho.

Finalmente, es menester de este trabajo y de quien lo redacta hacer reflexión sobre la libertad, no como un derecho otorgado, sino como un derecho adquirido por el simple hecho de ser y de nacer (e incluso antes del nacimiento); hablar de libertad es un tema en extremo amplio, complejo, tanto que nos llevaría mucho tiempo hablar de ella, de sus consecuencias y de sus clases.

En este trabajo abordamos el tema en unas cuantas líneas, en las que de manera un tanto filosófica y con tintes de Derecho, enmarcamos la libertad como un derecho natural (sobran los doctrinarios que han hablado y abordado el tema), dando mi opinión personal sobre su significado.

También, en esta corta lectura habrán encontrado entre sus líneas la prioridad que le otorgo a la libertad sobre el Estado de Derecho, siendo pues en mi opinión que el ultimo es consecuencia del primero.

Muy seguramente me encontrare en un futuro realizando un trabajo más extenso sobre éste tema ya que es extremadamente interesante.


 Lic. Héctor Jesús Robles Díaz Mercado.

miércoles, 29 de abril de 2015

Historia de una vida.

Considero firmemente que los Abogados somos personas multidisciplinarias, que nuestros intereses además del Derecho deben abarcar amplitud de temas, teorías y ciencias.

Durante la época de estudios universitarios en la que esperamos convertirnos en excelsos abogados, se nos imparte la materia de filosofía/filosofía del derecho (dependiendo del temario de estudios de la Universidad), en la cual nos encontramos con innumerables filósofos que consideran al Derecho como una parte más de la vida del ser humano, no como una obligación, sino como una necesidad. Materia que nos impulsa a adentrarnos a la esencia, las propiedades, las causas y los efectos de las cosas naturales, especialmente sobre el hombre y el universo, impulsándonos a tratar de conocer y “desenmarañar” el ¿Por qué? de las cosas, obligándonos como profesionales de la interpretación jurídica a entender, reflexionar y meditar acerca de cualquier tema.

Es así que ya sea durante nuestra etapa estudiantil o profesional nos vemos muchas veces inmersos en infinidad de asuntos con infinidad de temas de cualquier área del conocimiento imaginable, es por ello que estoy seguro que los Abogados tenemos como obligación ampliar nuestros límites intelectuales, nuestros conocimientos y nuestros intereses, por tanto, y de acuerdo a éste pensamiento y saliendo un poco de la temática de este “blog”, les comparto “Historia de una vida”, ensayo con el cual participé en el “Premio Nacional de Reflexiones Filosóficas Zigurat (México)” celebrado en el año 2014.

“Historia de una vida” es una reflexión personal del sentir de los seres humanos durante sus vidas, abarcando desde el sentimiento de soledad que en muchas ocasiones es parte predominante en nuestra vidas, hasta el amor, sentimiento que considero el más puro de la naturaleza humana.


Historia de una vida.

Se dice que la vida se puede dividir en cuatro etapas; nacer, crecer, reproducirse y morir, etapas que durante el paso del tiempo van adquiriendo divisiones y esas al mismo tiempo crean subdivisiones que al final las personas percibimos como un todo; como la vida.

¡La vida es un suspiro!, ¿Cuántas veces no hemos escuchado o leído eso?, y ¿Cuántas veces no nos hemos puesto a reflexionar al respecto?; en efecto, la vida es prestada, pues desde que nacemos comienza a correr el reloj en cuenta regresiva, a partir de ese momento, comenzamos a pagar las consecuencias de estar aquí.

Pocas personas se dan cuenta del alto precio que pagamos por pasar un tiempo en este mundo y van por la vida dormidos, esperando algo que tal vez nunca llegue, esperando la felicidad que no buscan, añorando el ayer y temerosos del mañana, pasan su corta estancia en el mundo desesperados.

Las personas olvidan que vivir no significa estar encadenado, olvidan que vivir no es un castigo, olvidan que la desesperanza no es más que una forma de percibir la vida que ellos mismos se han creado para esconder su miedo.

¿Por qué las personas le tienen tanto miedo a la vida?, ¿Por qué se impiden disfrutarla?, ¿Por qué las personas están tan desesperadas?, ¿¡Por qué!?.

¿Por qué convertimos nuestro tiempo limitado en una tortura? ¡Si existen tantas cosas que disfrutar!, vemos pasar nuestras vidas frente a nosotros y nos convertimos en espectadores de ella, dejamos pasar el tiempo hasta que un día despertamos y nos damos cuenta que no ha pasado nada, nos despertamos pensando que a esto a lo que llamamos vida se ha transformado en simple costumbre; ¡si!, en la costumbre de despertar, levantarse, bañarse, trabajar, regresar a casa, dormir y repetir nuevamente todo al día siguiente. La vida para las personas termina convirtiéndose en una película de ellos mismos en la que jamás intervienen; olvidan que deben ser los protagonistas de su vida.

Al llegar ese momento en el que consideramos que estar aquí simplemente se trata de ver pasar las cosas sin ser parte activa de ellas, es cuando sin lugar a dudas ya no estamos vivos, es como estar muertos en vida, transformándonos en zombis caminando por el mundo sin rumbo, sin metas, sin presente, pasado o futuro.

Cuando comenzamos a ver la vida como un reflejo de nuestras esperanzas y metas perdidas todo deja de tener sentido, esperamos el futuro con angustia, y nos causa desesperanza el pasado que se aleja cada vez más, ese pasado en el que las posibilidades eran infinitas, cuando parecía que podíamos lograr cualquier cosa, cuando esperábamos el futuro con ansias, cuando intentábamos crecer a pasos agigantados tratando de alcanzar precipitadamente la adultez dejando la niñez atrás, creyendo que al crecer ¡todo sería más fácil y mejor!, un pasado que sabemos no regresará.

Así, las personas olvidan que la vida no se acaba hasta que viene a reclamar por nosotros la muerte, se esconden a ellos mismos sus deseos y sueños creyendo que la vida ha terminado, creyendo que porque el brillo de la juventud se ha escapado de sus ojos es el fin, creyendo que es mejor esperar por el final a seguir luchando por lo que desean, creyendo que las arrugas del rostro y el opaco de sus ojos indican que no pueden desear o soñar, creen equivocadamente que el final está más próximo que el principio.

¡Error más grande no puede existir!, desde el momento en el que nacemos y da comienzo este viaje al que llamamos vida, nuestras horas comienzan a correr en cuenta regresiva, no importando edad, sexo, religión, estatus social, ¡no importa!, a partir de nuestro primer respiro en el mundo (incluso antes, desde el vientre materno), comenzamos a alimentar con nuestra vida a la muerte.

Hemos convertido este hermoso viaje en una carga, hemos perdido el camino que comenzamos con el primer llanto y que al contemplarlo parece interminable, sinuoso, imposible de superar; hemos decidido dormir y soñar con nosotros mismos viviendo vidas falsas, prefiriendo observar que actuar, prefiriendo perder que ganar, prefiriendo no ser que ser.

A estas alturas parece todo perdido, parece que venimos a este mundo a sufrir y renegar del destino que nos ha tocado, pero como ya dije, hemos olvidado la belleza de vivir, las cosas buenas que nos hacen querer despertar, que nos impulsan, que nos hacen más fuertes y algunas veces también nos debilitan, ¡no!, no todo está perdido, si lográramos recordar aquello que nos hacía felices, toda esa desesperación, miedo y dolor no tendrían cabida en nuestro ser, si lo recordamos, dejaremos de ser espectadores y comenzaremos a actuar en nuestra vida, no importa la edad, si recordamos aquello que hace que valga la pena estar vivo recorreremos el camino sin miedos y llegaremos al final sin arrepentimientos.

Desde que nacemos e incluso antes, experimentamos el primer sentimiento que probablemente determina lo que seremos en el futuro, sentimiento que algunas veces olvidamos o tratamos de olvidar, y algunas veces, lo convertimos en su opuesto; en efecto hablo del amor, ese sentimiento que experimentamos de nuestra madre en su vientre y que al nacer y estar en “el mundo real” nos hizo sentirnos tranquilos, protegidos, seguros y amados.

Es gracioso pensar que el primer sentimiento que experimentamos en nuestra vida es el amor porque durante el trayecto de la vida es el último que pasa por nuestras mentes y corazones; los seres humanos nos enfrascamos en sentimientos que son secundarios y que simplemente representan el miedo que nos da estar vivos y que son fruto de nuestra inseguridad.

Si recordáramos que el amor es un sentimiento primario de los seres humanos, si recordáramos que antes de odiar, llorar, sufrir, despreciar, envidiar y desesperar sentimos amor todos sería diferente, dejaríamos de sentirnos solos, dejaríamos de esperar por aquello que ni siquiera sabemos explicar, dejaríamos de buscar en el cielo respuestas, dejaríamos de ser observadores, dejaríamos de soñarnos y comenzaríamos a vivir en verdad.

La vida no debe ser considerada un castigo, la vida debe ser considerada un regalo, no venimos al mundo a sufrir, venimos al mundo a disfrutar de las cosas que el destino a puesto en nuestro camino, venimos a dejar una parte nuestra en todos aquellos que han interactuado con nosotros, venimos sin lugar a dudas a amar.

Si todo el mundo se diera cuenta de esto, las guerras, el odio y la maldad no existirían, pues son simples manifestaciones de la búsqueda incansable de las personas por encontrarse, por encontrar lo que perdieron en el camino; un simple intento por entender su soledad, un vago y absurdo intento de sentirse vivos y activos influyentes de la vida de los demás; pero al final se darán cuenta que aquello que buscaban con tanta desesperación, con sus enormes fortunas y basto poder era el amor que jamás pudieron encontrar.

Cuando las personas recuerden que aún existen coas que pueden asombrarlas, que existen cosas que pueden hacerlas sonreír, cuando recuerden que en el mundo existe más amor que odio, será hasta entonces que podrán ser nuevamente los protagonistas de su vida, será entonces cuando recordaran que hay más en el mundo que odiar o temer, se darán cuenta que la vida es hermosa.

Cada persona es parte fundamental del mundo, cada persona influye indirectamente en todas las demás, cada persona es parte importante de la maquinaria del universo; cuando entendamos que todos somos parte del todo, cuando entendamos que la vida es más importante de lo que parece, cuando el mundo entienda que nadie es más importante que los demás, será entonces que encontraremos la respuesta a la pregunta que todos en algún momento nos hacemos… “¿Por qué estamos aquí?”.

Si, ¿¡Por qué estamos aquí!?, pregunta que la mayoría de las personas se hace una y otra vez, y otras, simplemente al ver cercano el final comienza a hacerse, rememorando su pasado, pensando profundamente en sus errores y aciertos, recordando, añorando; temiendo por lo que le depara en la última parada innegable, inescapable; en el momento en que llegue la muerte a tomar factura de su vida, sin importar si esta fue bien vivida o no.

Al llegar a este punto, todos aquellos que han vivido apartados de la escena de su película escondidos y temerosos de ella, aquellos que dejaron el amor y decidieron odiar, aquellos que prefirieron ir por el camino del odio, del temor y la desesperanza serán los primeros en hacerse esa pregunta, serán aquellos que vivieron dormidos.

En un vago intento por reparar las vidas falsas que han llevado, en un absurdo por obtener perdón, engañándose a sí mismos tratando de despertar y de responder a esa pregunta, las personas consideran que la religión es el mejor camino para recuperar “en la vida eterna” todo aquello que no quisieron hacer en esta vida por andar por el mundo como zombis, creyendo que rezando alcanzaran la vida que en este mundo no lucharon por alcanzar.

Rezan y asisten a misa buscando solucionar en un par de horas lo que en una vida omitieron, buscan en el cielo la respuesta que en este mundo está clara, buscan el perdón de un ser inexistente, olvidan que el perdón que buscan ellos mismos se lo deben.

La respuesta sin duda alguna no se encuentra en las páginas de un libro escrito hace más de dos mil años, la respuesta no se las dará el ser imaginario al que llaman Dios, la respuesta ellos mismos la conoces solo que temen responderla, temen reconocer que su equivocación fue olvidarse de vivir plenamente, temen reconocer que si hubiesen sido participes de su vida no tendrían que arrepentirse de nada, buscan respuesta donde no hay que buscarlas, buscan perdón donde no existe, buscan en un ser supremo creado por los hombres la respuesta a su vida sin reconocer que dicha respuesta era simplemente vivir plenamente.

¿Por qué estamos aquí?; la respuesta es tan obvia que solamente hay que respirar para encontrarla; ¡vivir! Esa es la respuesta; ¡simple!, ¿no lo creen?; para que buscarle un sentido a la vida si hay que dárselo nosotros mismos, porque olvidar que la razón principal de estar aquí es vivir; ser uno con el todo para que el todo sea uno con nosotros, iluminar nuestro camino con la luz de nosotros mismos para que esa luz ilumine a quienes la necesitan y a quienes no se han dado cuenta de ello, cuando al fin todos entiendan que no hay un ser supremo y que nosotros mismos somos seres supremos y perfectos, cuando todos nos demos cuenta de ello y dejemos de tener miedo, de sufrir, de lamentarnos y el amor se convierta en nuestra bandera será entonces que entenderemos que la respuesta somos nosotros.

En el momento en que el mundo se dé cuenta que ha estado caminando a ciegas y abra los ojos, cuando despertemos del sueño en el que nos encontramos y comencemos a vivir realmente; será hasta entonces que trascenderemos más allá de lo que está puesto ante nuestros ojos, será entonces que dejaremos de esperar por “la vida eterna” que nos promete la religión; ¿Por qué?; porque no la necesitaremos, porque encontraremos que la eternidad no es inalcanzable, porque estaremos sentados escalones más arriba de aquellos seres que nosotros mismos creamos y a quienes llamamos Dioses, nos convertiremos en el todo porque el todo será uno con nosotros, dejaremos de temer y de dudar, encontraremos que el final del camino que tanto tememos no es más que un nuevo inicio.

En estas letras se ha mencionado que tenemos un tiempo limitado en este mundo, que a partir de nuestro primer respiro la muerte comienza a alimentarse de nuestras vidas; pero también se ha dicho que la muerte no es el final sino que es un nuevo inicio; ¿contradictorio?...; ¡no lo es!, porque quienes no se den cuenta que la vida no es un tormento sino un regalo, quienes odien en lugar de amar, quienes teman en lugar de disfrutar quienes han ido dormidos por sus vidas; al final, cuando la muerte venga por ellos seguirán dormidos por la eternidad.

Así es, este pequeño suspiro al que llamamos vida y aquella eternidad a la que llamamos muerte no están separadas, no son distintas una de la otra; sino que interactúan entre sí, son el equilibrio del todo, una es parte de la otra; es decir, una no puede existir sin la otra, son hermanas que te han tomado de la mano y te acompañaran por siempre, cuando las personas dejan de vivir plenamente y se rinden, es pues, como si soltaras a una de ellas.

Solo unos cuantos han logrado entender con plenitud el ciclo eterno entre vida y muerte; solo algunos han comprendido que el limitado tiempo de la vida es para plantar los frutos, para aprender, para amar y entonces, caminar hacia la eternidad cosechando aquello que plantaste en vida, con los conocimientos que adquiriste, con el amor que diste y recibiste.

 ¡Nacer, crecer, reproducirse y morir!, etapas de la vida al fin y al cabo, una íntimamente relacionada con la otra; un circulo interminable y eterno.

¿Ahora ves que la vida es más de lo que creías?, no estamos aquí simplemente porque si, no somos una coincidencia, ¡no somos un accidente!; andar por la vida temerosos de ella y llegar al final creyendo que iras al cielo a vivir eternamente sin haber vivido aquí primero es absurdo y paradójico.

La vida tiene más sentido de lo que creen la mayoría de las personas, las coincidencias no existen, todo tiene una razón de ser, incluso nosotros, incluso nuestros miedos y errores tienen una razón de ser; superarlos y aprender de ellos.

Si no plantaste nada en vida, si no aprendiste nada en vida, si no amaste en vida ¿Cómo pretender acceder a una vida eterna?; ¿acaso es posible tener acceso a la última etapa de la vida si en la misma vida estuviste más muerto que vivo?, rezar, pedir perdón al ente todopoderoso para que te otorgue el perdón de una vida que llevaste sin sentido en la que solo fuiste un observador, en la que te soñabas a ti mismo, pretendiendo “tener una vida eterna” en el cielo, pretendiendo ser feliz en la eternidad sin haber aprendido nada en el limitado tiempo de la vida terrenal es como pretender a correr antes de caminar.

Las personas creen que en el cielo serán felices, que dejaran de sentirse solos y asustados, y que al fin encontraran un significado a la vida; apartan de sus vistas que no es posible llegar sin antes haber partido, que es imposible terminar sin haber siquiera empezado, olvidan que jamás intentaron ser uno con el todo, que las etapas de la vida existen y deben ser vividas a plenitud.

Para poder tener acceso a las etapas de la vida plenamente es necesario que no dejemos de soñar, que esos sueños sean el motor que nos impulse, para verlos cumplidos; que aprendamos a amar y dejemos de odiar.

Si soñamos le damos forma al mundo, le damos forma al universo, intervenimos directamente en la construcción del infinito, le damos vida a la vida misma; nos volvemos participantes directos en el plan celestial; nos volvemos influyentes en la construcción de la eternidad.

Si soñamos y luchamos por cumplir esos sueños nos volvemos el motor del todo; nos convertimos en seres que dejan de ser espectadores en la construcción del futuro y tomamos parte de ella, dejar de soñar es dejar de vivir, es perder el motor que nos impulsa, es adentrase en la desesperanza y el miedo.

Aprendamos a soñar nuevamente y enseñemos que los sueños se hacen realidad si luchas por ellos, demostrémosles a los Dioses que hemos creado que no los necesitamos, que somos los dueños de nuestros destinos y que no necesitamos de seres supremos para otorgarnos la eternidad; que hemos comprendido que el final no es más que otro principio y que hemos encontrado la respuesta del ¿por qué estamos aquí? sin su ayuda.

Hagamos del amor nuestra única bandera, superemos nuestros miedos e inseguridades y recordemos este sentimiento primario que nos trajo aquí desde un principio, aprendamos todo lo que haya que aprender del amor, hagámonos más fuertes con su ayuda y demos miras al futuro sin miedos.

Veamos a la vida como un todo; si, esas cuatro etapas son una misma, cada una complementaria con la otra, un círculo eterno que nos otorga la posibilidad de vivir para aprender y morir para despertar, no veamos una etapa como distinta a la otra, dejemos de buscar dividirla cuando es una sola.

Una vez que entendamos y que dejemos de quejarnos de nuestras vidas y nuestros destinos, cuando aprendamos a soñar de nuevo y a luchar por esos sueños, cuando comencemos a amar, veremos al mundo como realmente es, nos daremos cuenta que el sol brilla más de lo que pensamos, que las estrellas están ahí para nosotros, que los que se han ido nos esperan y no nos han olvidado, veremos la composición misma de la creación pues nosotros también somos parte de ella.

Aprendamos que ser y pretender ser no es lo mismo, que vivir y pretender vivir tampoco lo es, seamos parte de este camino y disfrutemos de sus bondades y de sus desgracias, disfrutemos de principio a fin este regalo al que llamamos vida y así, tal vez podremos olvidarnos de todos aquellos sentimientos que nos hicieron sufrir y solamente existirán en nosotros aquellos que nos hicieron felices, olvidaremos aquellos recuerdos que nos causaron dolor y recordaremos solo los que nos causaron dicha, seremos al final creadores y no creados.

Finalmente, una vez que todas las personas comprendamos que la vida es un camino que se debe recorrer con dicha y plenitud será que entenderemos aquello que los sabios han querido decir, comprenderemos que las fronteras desde el cielo no existen y que todos somos parte del mundo y no habitantes de un lugar determinado, una vez que aprendamos a entender nuestras vidas y a dejar de sufrir por ellas y comencemos a disfrutarlas, comprenderemos que las banderas y naciones son simplemente nombres y símbolos que nosotros mismos hemos inventado para intentar vivir en armonía con los demás; una vez que entendamos todo lo que significa vivir no habrá necesidad de que existan leyes pues aprenderemos a convivir entre nosotros.

En el momento en el que dejemos de lado todas las dudas y miedos que existen en nuestro ser; será entonces que veremos al mundo diferente, como realmente es y no como nosotros lo queremos percibir.

La vida está llena de altibajos que simplemente son parte de este camino que todos recorremos; algunos durante un tiempo más corto que otros, pero al fin y al cabo, todos experimentamos vivencias, sentimientos, momentos que se quedan en nuestras mentes durante el resto de nuestras vidas y terminan siendo los recuerdos que nos transportan al pasado.

 Nadie dijo que vivir sería fácil, ni tampoco nadie nos dijo que algunas veces veríamos la vida con desdén, nadie nos prepara en realidad para afrontar el día a día; somos nosotros quienes debemos entender de lo que se trata estar aquí; somos nosotros quienes debemos darle sentido a la vida.

Al final seguiremos este camino todos por igual, encontraremos en él penas y alegrías que nos formaran y harán que nos volvamos más fuertes o que nos rindamos; la decisión es solo nuestra, podemos elegir vivir plenamente, aprender de cada paso que demos, amar profundamente y elegir ser mejores cada día hasta alcanzar a los mismos dioses; o bien, seremos nosotros quienes elijamos temerle a la vida, odiar e ir por la vida dormidos sin darle sentido a lo que hacemos; esta en nuestro poder elegir el sueño eterno o despertar finalmente.

Al decir verdad, no hay un tiempo límite para elegir ser plenos, no hay secretos para alcanzar la felicidad, no hay secretos para alejar la soledad que aqueja nuestras vidas, no existe nada que no podamos hacer; simplemente debemos recordar que estar aquí fue nuestro primer triunfo, que despertar cada mañana es un regalo más; debemos recordar que podemos ser tan perfectos o imperfectos como nosotros queramos.

Mientras que para unos el viaje empieza, para otros termina; ya sea anticipadamente o porque simplemente se rindieron; mientras que algunos odian otros aman, mientras que algunos lloran otros ríen, mientras que unos viven otros mueren; eso es la vida, este ciclo que para algunos es eterno y que para otros terminó antes de empezar.

Hoy es tiempo de ver las cosas de otra forma, es el momento de entendernos para entender a los demás; no hay límites para lo que podemos lograr si aprendemos a entender durante este corto tiempo lo que significa vivir; se trata de encontrar el camino correcto que te lleve por cada etapa hasta la eternidad; hasta trascender más allá de los límites impuestos por aquellos quienes vivieron temerosos y sin entender; aquellos quienes crearon el mundo que percibimos y que nos han impedido verlo como en realidad es. Es tiempo de deshacernos de las ataduras que nos impiden ser felices.

Somos nosotros quienes tenemos el poder de lograr alcanzar la felicidad, somos nosotros quienes debemos cambiar para después cambiar al mundo y verlo como en realidad es; no como un lugar frio y lleno de miedo, sino como la cuna que nos ha mantenido y que nos prepara para enfrentar la etapa final de nuestras vidas, acompañándonos hasta el final de los tiempos, no somos un ser superior, sino como una madre que nos ha acogido en su seno desde el primer segundo de vida.

Cuando al fin abramos los ojos y participemos directamente en nuestras vidas, cuando dejemos de estar muertos en vida y comencemos a creer en nosotros en lugar de en un ser supremo será cuando dejaremos de temerle al futuro dejaremos de estar solos para convertirnos en uno con el todo y reclamaremos nuestro lugar en la maquinaria misma del universo como parte fundamental de él.

Tomemos en nuestras manos nuestros destinos, creamos en nosotros mismo porque somos nosotros los creadores de aquellos a quienes consideramos dioses; no permitamos que la soledad, el miedo y el odio se apoderen de nuestras vidas y nos orillen a los miedos más profundos de nuestro ser.

Alcancemos aquello que creíamos inalcanzable, vivamos con plenitud este camino, dejemos de creer que la perfección es solo para los dioses porque nosotros somos el fruto de perfecto de la creación y nadie más que nosotros tiene en sus manos la posibilidad de ser felices

Si dejamos de ver a la vida como una carga y comenzamos a verla como el regalo que en realidad es; toda la soledad que sentimos en nuestros corazones se disipara y dará cabida a sentirnos completos, dejaremos de temer por el futuro pues nos daremos cuenta que no existe el fina y reclamaremos nuestro lugar en la creación.

Dejemos de ser muertos en vida y vivamos en realidad pues la soledad y el miedo no desaparecerán hasta que nosotros los hagamos desaparecer, luchemos día con día para cumplir nuestros sueños y jamás nos permitamos dejar de soñar; que no nos importe la edad, que no sea un pretexto para dejar de asombrarnos con las maravillas que esta vida nos tiene preparadas, recobremos el brillo de nuestros ojos que creíamos perdido y sigamos adelante aun y cuando las adversidades nos tomen por sorpresa; recordemos que todos estamos conectados y que cada cosa que hacemos, por muy pequeña que esta sea, afecta al mundo y la realidad de todos, y finalmente, recordemos que somos nosotros quienes le damos forma al universo con nuestras acciones.

La vida es esto, un camino que podemos hacer tan largo o corto como queramos, tan feliz o triste como deseemos; tan corto o eterno como nuestros sueños nos permitan; estamos aquí para crear y ser creadores, somos el motor que impulsa al universo y a Dios, no estamos solos, no estamos aquí sin ninguna razón, somos aquellos que alcanzaremos las estrellas, somos aquellos que alcanzaremos la eternidad.

Los seres humanos en el corto tiempo de la vida amamos, reímos, lloramos, odiamos, luchamos, ganamos y perdemos; todo en un tiempo tan corto, en un tiempo tan ínfimo que parece imposible que una sola persona pueda ser contenedor de tantos sentimientos y pensamientos, un tiempo limitado que se escapa de nosotros como el agua de nuestras manos; un tiempo que siendo usado a plenitud podría darnos la eternidad.

Hemos explorado hasta ahora, en unas cuantas líneas el camino de la vida, desde que nacemos hasta que morimos; si usted ha atendido a las letras que expongo se dará cuenta que en todo este trabajo hablo de cosas que usted ya sabía, estudio sentimientos y pensamientos que usted ha experimentado durante su corta o larga vida, no hablo de nada nuevo; simplemente le recuerdo aquello que usted sin saber ha olvidado o bien, tal vez se ha obligado a olvidar.

Si cada línea de estas letras que ha leído le han hecho recordar aquello que creía olvidado y le han regresado los ánimos que había perdido, recuerde que esta es simplemente la historia de una vida; ¡imagine lo que lograra si vive la suya!.


Lic. Héctor Jesús Robles Díaz Mercado.